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  • MIGUEL PEDRO MAZON BALAGUER

Reflexiones sabatinas


"Iudex damnatur ubi nocens absolvitur" --> “Se condena al juez cuando se absuelve a un culpable” (Publio Siro).

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Los jueces y los abogados tenemos una frase muy buena: más vale un delincuente en la calle que un inocente en la cárcel. Porque el delincuente reincidirá, volverá, y acabará por ser condenado por las dos cosas. Pero nadie te puede resarcir de los años perdidos de libertad. El día que todos entendamos esto, seremos más justos.

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Sin derecho a la presunción de inocencia: cuando la sociedad condena sin pruebas

Diego xxx fue detenido, encarcelado y puesto en libertad al tercer día con una palmadita en la espalda y un lo siento que jamás podrá reparar el drama personal de un inocente “condenado” policial y socialmente sin ningún tipo de pruebas. En un Estado de derecho con garantías constitucionales, su caso aún permanece en la retina de muchos ciudadanos. El joven, de 25 años, fue acusado de haber violado, abusado y maltratado a xxxxx, la hija de su compañera sentimental, que moriría pocos días después de haberse caído de un columpio mientras jugaba en un parque infantil. Nadie creyó su versión hasta que 72 horas después el juez le puso en libertad sin cargos.

Para entonces ya era tarde. La condena popular, que se ceba siempre con aquellos casos en los que hay niños de por medio, ya había dictado su veredicto. La Guardia Civil difundió corriendo el escándalo y la sociedad canaria se conmocionó de inmediato. Para colmo de desmanes, el diario AAA forraría los quioscos de toda España con una portada en la que retrataba el gesto cabizbajo de Diego con un titular inapelable: “La mirada del asesino”.

“El tema sigue igual. Primero se detiene a la gente, se la mete en el calabozo y, después, se investiga”. “Después, se dan cuenta que se han equivocado, te dicen que no pasa nada y te piden disculpas. Es una quiebra del sistema constitucional de este país porque se ha perdido la presunción de inocencia”.

El caso de aquel joven al que un accidente fortuito, una sucesión de errores médicos y una condena popular le arruinaron la vida recuerda mucho a lo ocurrido en Murcia, tras la detención express del presunto agresor del consejero de Cultura. Otra vez el mismo guión infame. XXXX ha pasado de verdugo a víctima en solo 80 horas. Ni fue identificado por el consejero del PP, ni estaba en el lugar de los hechos según la ubicación de su teléfono móvil, ni era un joven de ultraizquierda radical. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, llegó a decir que el consejero había reconocido a uno de los tres agresores sin que se sepa muy bien qué tipo de información tenía para apuntar tal hipótesis.

“Me gustaría que los policías, los políticos y los jueces pasarán por cualquier calabozo de España para ver el daño psicológico que una detención sin pruebas puede ocasionar”, explica el abogado de XXX. “Te mezclan con auténticos delincuentes, porque, en este país, sin preguntarte nada y sin ningún tipo de investigación, uno puede acabar en el calabozo. Eso así es propio de un estado nazista. La detención durante 72 horas tenía un sentido en casos de enorme gravedad relacionados con el terrorismo. El problema es que esa práctica se ha generalizado de tal manera que se produce un fraude de la propia ley de enjuiciamiento criminal”.

¿Y cómo se recompone el honor perdido, si es que algo puede paliar los daños causados sobre unas personas que, de por vida, llevarán una pesada losa a cuestas? En el caso de XXX y en otros tantos casos como el de Dolores xxx, encarcelada durante 17 meses por el caso Wanninkhof, solo queda recurrir a la misma justicia que consiente estos atropellos. Aunque justicia tardía no es justicia o es la máxima injusticia, como suelen decir los manuales de Derecho.


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